Durante la mañana de hoy se celebra la segunda sesión del Debate del Estado de la Región, donde los distintos grupos políticos analizan la situación de Madrid y responden a la Presidenta Isabel Díaz Ayuso. El primer turno ha sido para líder transitoria de Más Madrid Manuela Bergerot.
Durante su intervención, ha querido hacer énfasis y sacar pecho de la gestión de su predecesora y sucesora la ministra de Sanidad, Mónica García, que será la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid y que volverá al puesto que le ha guardado Bergerot.
A pesar del triunfalismo de Bergerot, que roza el elogio interesado de una persona que ha dejado de ser la máxima representante de su partido y tiene que mantener su asiento, choca con la realidad. Al frente de la cartera de Sanidad, Mónica García ha protagonizado numerosas polémicas que ninguno de sus predecesores ha tenido.
Resulta un auténtico insulto a la inteligencia el hecho de que Mónica García haya degradado un ministerio de Estado a una simple sala de espera electoral; un púlpito institucional pagado con los impuestos de todos para preparar su revancha política contra Isabel Díaz Ayuso.
Quien construyó toda su carrera política enfundada en una bata blanca y prometiendo salvar la sanidad pública ha demostrado, nada más pisar moqueta ministerial, una insensibilidad y una incapacidad de gestión demoledoras. La prueba más flagrante no reside en sus discursos desde la tribuna, sino en el incendio laboral que consume a la profesión médica en toda España y al desmantelamiento de la sanidad pública de Ceuta, el único territorio donde tiene la competencia para gestionar.
Lejos de pacificar y cuidar a los profesionales sanitarios, el mandato de la líder de Más Madrid, pasará a la historia por haber encendido una rebelión médica sin precedentes que lleva meses sacudiendo al país. De norte a sur, los facultativos han salido a la huelga y a las calles, asfixiados por la precariedad, la pérdida retributiva, las jornadas interminables y el estancamiento de la reforma del Estatuto Marco.
En lugar de liderar una respuesta de Estado para retener el talento y atajar la sangría de profesionales, la ministra ha optado por el desdén burocrático, minimizando las movilizaciones, dilatando las negociaciones y tratando a sus antiguos compañeros de profesión como meros peones a los que disciplinar con frialdad funcionarial. Mónica García ha demostrado que la izquierda es un peligro para la sanidad.
A este clima de descontrol de la sanidad pública, se le ha unido el colapso sanitario de Ceuta. En plena invasión, con la frontera sometida a una presión sobrehumana, el sistema sanitario ceutí reventó. Sometido de antemano a la falta endémica de especialistas y al desgaste de las huelgas, el Hospital Universitario se convirtió en una ratonera. De hecho, las organizaciones médicas han tenido denunciar una situación «dramática», con urgencias colapsadas y profesionales al borde del quiebre físico y emocional, doblando turnos en un escenario de presión sanitaria sin precedentes, propia de una verdadera situación de desmantelamiento de la sanidad pública ceutí.
Ante esta situación, ¿cuál fue la reacción de Mónica García? La huida hacia adelante y el negacionismo. Mientras los sanitarios la recibían a pie de calle al grito de «dimisión», la ministra se atrevió a comparecer ante los medios para negar que existiera colapso alguno, maquillando cifras, despreciando el sacrificio de quienes estaban al frente de las camillas e insultando a los médicos tachándolos de racistas. En vez de asumir el desastre organizativo y enviar refuerzos inmediatos, prefirió atrincherarse en el sectarismo para esquivar cualquier responsabilidad.
Esa es la paradoja de su gestión: incapaz de contener la rebelión de los médicos españoles y de evitar el colapso asistencial en Ceuta, la ministra de Más Madrid vuelca sus energías en tratar de imponer su ideología a la buena gestión. Su prioridad no han sido los quirófanos atascados ni el rescate de la atención primaria, sino financiar ocurrencias y campañas sobre «salud climática», destinadas al consumo interno de su parroquia ideológica.
Si este es el catálogo de logros del que Manuela Bergerot pretende sacar pecho en el Debate del Estado de la Región, flaco favor le hace a Mónica García. Ya ha demostrado en toda España, entre huelgas masivas y hospitales desbordados, cuál es el precio real de su gestión: la quiebra absoluta de la sanidad pública. Por eso, la pregunta que nos hacemos es: ¿queremos eso para Madrid?
